Pía Dellarosa dedicó más de 40 años de su vida al servicio de la Liga Chilena contra la Epilepsia en Concepción, dejando una profunda huella en nuestra institución y, especialmente, en quienes tuvieron la oportunidad de compartir con ella durante su extensa trayectoria como voluntaria.

Su historia en la Liga nació desde el amor y la preocupación por su hijo David, quien vivía con epilepsia. Esa experiencia personal la llevó a integrarse al voluntariado, transformando su propia vivencia en un compromiso permanente con las personas y familias que encontraron en ella una mano amiga.

Durante todos estos años, Pía desempeñó un rol fundamental como tesorera del voluntariado, cargo que ejerció con responsabilidad, transparencia y una profunda vocación de servicio. También asumió durante un período la presidencia del voluntariado, aunque siempre se caracterizó por preferir un lugar más discreto, desde donde pudiera colaborar y aportar sin buscar protagonismo.

Quienes tuvimos el privilegio de conocerla recordaremos siempre su elegancia, distinción y porte, propios de aquellas grandes damas de antaño. Su trato cordial, su delicadeza y su calidez humana hicieron de ella una persona profundamente querida y respetada.

Pía fue una mujer generosa, comprometida y siempre dispuesta a colaborar donde más se la necesitara. Su dedicación silenciosa y su inquebrantable espíritu solidario acompañaron durante décadas la labor de la Liga, dejando un legado que permanecerá en nuestra historia.

Hoy queremos agradecer sus más de cuatro décadas de entrega, cariño y dedicación. Su ejemplo seguirá vivo en cada persona que conoció su historia y en todos quienes continuamos compartiendo la misión de la Liga Chilena contra la Epilepsia.

Descansa en paz, querida Pía. Gracias por tu vida de servicio, por tu calidad humana y por enseñarnos que no se necesita protagonismo para dejar una huella imborrable.